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Si
en cada
una de las
pruebas
PSU se toma
el grupo
total que
la rindió y
se divide
en cien
subconjuntos
de igual
tamaño,
partiendo
desde el
menor puntaje
corregido
hasta llegar
al puntaje
corregido
máximo,
se obtienen
los llamados percentiles,
desde
el primero
hasta
el 99,
que dejan
desde
el 1%
hasta
el 99%,
respectivamente,
de las
observaciones
con categorías
menores.
Es decir,
el percentil
1 deja
bajo
el valor
que
le corresponde
el 1
% de
los
casos
y el
percentil
68 deja
bajo él,
al
68 %
de las
observaciones.
La
ventaja
de los percentiles
sobre los
puntajes
brutos para
la expresión
de las
normas de
valoración
de una
prueba
está en
que los
puntajes
brutos
nos dicen
poco sobre
la ubicación
de un
sujeto
respecto
del resto
del grupo
que rindió el
test.
En cambio,
si se
sabe
en qué percentil
está colocada
una
persona
en
una
prueba,
conocemos
su
status
respecto
de
sus
compañeros.
Por
ejemplo,
si en una
prueba A
Juan obtuvo
420 puntos,
ocupa el
percentil
24. Esto
significa
que el 76
% de los
postulantes
que rindieron
la Prueba
A tiene puntajes
mayores o
iguales
a 420 puntos.
Si el puntaje
de Pedro
es 557,
en la misma
prueba,
entonces
Pedro se
sitúa
en el percentil
71 y es
sobrepasado
por el 29%
de los que
rindieron
el test.
En
la práctica,
si los
postulantes
son 170.000,
129.200
tienen
puntajes
mayores
que el
de Juan
y 49.300
alcanzaron
puntajes
más
altos
que el
de Pedro.
Dado que
las PSU
se construyen
en un
marco
de Evaluación
Referida
a Norma, en
el que
lo importante
para comparar
los rendimientos
de los
postulantes
es la
posición
que ocupa
cada uno
dentro
del grupo
que rinde
una prueba,
los percentiles
cumplen
a cabalidad
con este
propósito.